DESDE CUMANÁ.- Por más que intente amargarnos las Navidades, no lo logrará. Estamos en época de Advento. La venida de Jesús es demasiado motivo para celebrar.
Activados estaremos, tanto para el disfrute como para salir a negar la enmienda. Celebrar la Natividad del Señor es una forma de resistir. La paz y la espiritualidad son contrarias a esta voz del poder. La naturaleza de la amistad y la confraternidad de los seres humanos, aun en la diversidad, está reñida con la de los comunistas y fascistas. La celebración espiritual de la época, amaina a ese Júpiter tronante de la guerra, por eso compartir con la familia, con el vecino, con toda nuestra comunidad es la mejor campaña que podemos hacer por el NO.
Su estrategia es disociarnos. Chávez nos quiere ver guarimbeando para que entremos en su terreno de combate frontal. Cuánto le gustaría que el país se incendiara por los cuatro costados y así reducirnos, como lo ha hecho las veces que hemos caído en su juego perverso.
Carl Schmitt, ideólogo del nacionalsocialismo hitleriano, planteaba que la distinción política específica a la que las acciones y los motivos políticos se pueden reducir es la distinción en amigos y enemigos. La enemistad es una relación definida que surgirá cuando y sólo cuando, se reconozca que hay grupos, con algo diferente a mí y que representa al otro: ese es mi enemigo.
La política representa para los revolucionarios la existencia permanente del enemigo, lo que implica una amenaza latente y una posibilidad, en todas las instancias, de ir a la guerra. La enemistad es parte natural del desarrollo de las relaciones humanas, así lo conciben cierta clase política extremista. Por eso es que estas épocas decembrinas, que son para el reencuentro, el cultivo de la amistad, el jolgorio y el regocijo, no forman parte de la tradición para quienes se nutren del más rancio marxismo.
Para estos señores todo es potencialmente político, la moral, la religión, el arte, la economía, las tradiciones, todas esas dimensiones se transforman en una fuente de contradicciones y conflictos permanente que hay que combatírselas al otro. Como somos contrarios a toda esa cultura de la guerra, es que vamos a resistir desde la confraternidad.
Cada pregón que se oiga de amor, amistad, unión, perdón, serán argumentos contundentes para luchar contra las pretensiones comunistas. Volveremos, claro que volveremos a derrotarlo. Tenemos la historia, los argumentos, la nobleza y la dignidad para contrarrestar el caudal de dinero que se volcará para comprar voluntades.
El conocido aforismo de Lord Acton: “El poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente” es contra lo que vamos a luchar aun en Navidad y Año Nuevo. La enmienda anticonstitucional, si se aprueba, es una forma de que uno solo siga teniendo ese poder absoluto, y de que sigan utilizando los petrodólares para quebrar la cerviz del pueblo.
La verdadera libertad, decía Gandhi, es la que nos permite la posibilidad de controlar el ejercicio de la autoridad, pero para eso hay que desarrollar primero una libertad espiritual.
En paz ganaremos, porque desde ahí es que podemos darle paso a la libertad espiritual. Desde la confrontación visceral el espíritu pierde. Nuestros bártulos para esta campaña son, la tradición, la amistad, las hallacas, el pan de jamón, los aguinaldos, el parrandón, la vida alegre de quien se sabe libre y dispuesto a luchar por que nada ni nadie atente contra ella. A la barbarie, al abuso, al atropello, a la exclusión, a la expropiación y confiscación de nuestros bienes patrimoniales, hay que volver a decirle que NO.
Yonny Galindo Marín
Escrito por eltiempo
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