DESDE MARACAIBO.- A medida que el tiempo pasa, la vida instruye al hombre de muchas y muy distintas maneras. Unas veces le escribe con letra clara y en ocasiones con líneas torcidas, que tardan un tiempo en ser descifradas. La vida está en permanente comunicación con el hombre, a través de acontecimientos, signos, episodios, sucesos, libros, referencias lejanas y remotas o próximas y cercanas, o de personas que, de pronto, se cruzan en el camino, como estrellas fugaces y, en una frase dejan la clave que permite interpretar y comprender con claridad hechos que, hasta ese momento, parecían enigmáticos
De la lectura que hago de la vida, saco conclusiones que se reciclan como círculos concéntricos.Una de ellas es que en nuestro país los acontecimientos esenciales se perciben con gran superficialidad. Se salta de un suceso a otro, sin sacar conclusiones, ni averiguar las causas, ni medir las consecuencias. Un hecho sucede al otro, olvidando el anterior. Ejemplos hay muchos. Ninguno se profundiza. El pueblo que le teme a la verdad está condenado a vivir en la mentira. Mentir y ocultar la verdad son caras de una misma moneda.
Una de las convicciones que recojo de las lecturas de la vida es que Venezuela no es una comunidad. Aquí no se vive con sentido comunitario. Venezuela es un espacio geográfico que se comparte, pero no es una comunidad en laque se convive. Se vive en comunidad, pero no con la comunidad y menos aún para la comunidad.
Eso explica por qué los intereses individuales prevalecen sobre los colectivos. Eso explica por qué hay personas que salen ilesas de las fechorías que cometen. Eso explica por qué hay tantos delitos sin delincuentes, víctimas sin responsables y daños sin compensación. No existe sentido de solidaridad.
Todos aspiran que las cargas y los sacrificios que la crisis impone, sean asumidas por los demás, pero jamás por ellos. El país se acostumbró a tener dinero sin mayores esfuerzos ni sudores. Se le ha rendido culto a la viveza más que a la inteligencia, a los resultados más que a los procesos. A las personas se les aprecia por lo que tienen y no por lo que son.
La sacudida de la crisis, que lleva varios años estremeciéndonos, no ha sido suficiente para cambiar la actitud general de la gente y en especial de la generalidad de quienes conforman las estructuras dirigentes, tanto del Estado como de la sociedad.
La vida nos ha enviado muchos mensajes a los cuales no hemos prestado atención. En estos años terribles de empobrecimientos y severas dificultades, pocas actitudes colectivas han cambiado.
En Venezuela no habrá cambios mientras los venezolanos no cambiemos de actitud y asumamos las tareas que a cada uno le corresponde para sacar al país de la crisis en que vive desde hace muchos años. Es una tarea tan importante y tan necesaria, como lo fue la independencia, en el siglo pasado. Mientras más tardemos en iniciarla, más difícil resultará lograrla. El cambio del país, empieza en cada venezolano. Ese es el mensaje que la vida nos envía.
FERNANDO CHUMACEIRO
Escrito por eltiempo
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