DESDE LECHERÍA.- La presidencia de Chávez, tiene un origen ilegítimo, empujada por una acción inconstitucional y militarista. Su golpe de Estado del año de 1992, que si bien es cierto que fracasó, le abrió las puertas del poder, cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez, no sé si por ingenuidad o nerviosismo, le permitió que en medio de su derrota militar se dirigiera al país por los canales televisivos y pronunciara aquella frase que lo catapultó en la conciencia del país: “Por ahora”. Así lo conoció el país, un hombre, sin historia, sin tradición de lucha social, ni política y sin ideas conocidas sobre el país. Lo demás, es historia conocida y reciente, llegó al poder creando falsas expectativas, engañando a un pueblo descreído y montado sobre las cenizas de gobiernos democráticos, pero rechazados por la gente por sus promesas incumplidas.
Con escasos 10 años en el poder, Chávez, ha colocado a los factores democráticos del país en un enigma, de cómo combatir con éxito a su régimen que se enmascara de democrático y no termina de actuar con la severidad asesina de las dictaduras militares del siglo XX, pero tampoco actúa con el respeto a los derechos humanos de sus adversarios, ni tampoco respeta las libertades propias de sistemas democráticos. Pero lo cierto es que ésta no es una “democracia normal”, la actividad política que se hace está alejada de la civilidad y de la transparencia. Se ejecutan decisiones en el alto gobierno, muy parecidas a las represiones de los tres coroneles que derrocaron a Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948 y también la persecución a opositores a su régimen, nada tienen que envidiarle a la llevada a cabo por la dictadura de Pérez Jiménez, contra la dirigencia política. Están allí, a la vista del país, los presos políticos, los exiliados, los que viven en una actividad clandestina y los amenazados con prisión. En las dictadura de ayer definidas como tal, se usaban a los organismos represivos del Estado para encarcelarlos y aventarlos fuera del país, y hoy, el régimen de Chávez utiliza el sistema de justicia como aparato de persecución ideológica, utilizan bandas violentas armadas como instrumento de intimidación y llegan a criminalizar la disidencia como una estrategia para crear miedo y para que la gente se inhiba en la lucha por la democracia y por el país.
Tampoco es propio de una “democracia normal”, desconocer a los gobiernos locales de oposición electos libremente por los ciudadanos, ni tampoco es democrático que una Asamblea Nacional apruebe leyes fraudulentas para recuperar el gobierno en los espacios donde han sido derrotados. Igualmente es impropio de una “democracia normal” instaurar sistemas de apartheid laboral, cercenar el periodismo libre, desconocer la autonomía de poderes e institucionalizar el culto a la personalidad de un hombre y otro rosario de cosas anormales dentro de una “democracia anormal”. En un contexto así, sería ingenuo continuar haciendo oposición, tal como se la hacíamos a los gobiernos de la era democrática. Tenemos muchas fuentes de inspiración, pero como la calle venezolana se está calentando y la gente desea preservar su democracia, este planteamiento lo abordaré en la próxima nota periodística.
VIRGILIO HEREDIA
Escrito por eltiempo