Silencio sobre las bases

DESDE LECHERÍA.- Estados Unidos ha firmado un acuerdo con el gobierno de Colombia para instalar 7 bases militares.

El rango formal de esta presencia armada es muy amplio y da para todo. Estarán allí, dicen los acuerdos, para defender “la democracia y las libertades” en toda el área suramericana.

Esta es la manera en que Washington, como potencia, despliega su control y domino militar en la región.
Una parte de su élite dirigente considera que a su país le conviene ejercer, sin autorización de la ONU, el papel de gendarme mundial.

Incluso, y a pesar de los avances tecnológicos, son de la opinión de mantener la vieja doctrina del control directo sobre los territorios, por la vía del destacamento de efectivos o a través de diferentes modalidades de “estados asociados”, como el caso de las Islas Marshall y Micronesia, países representados en la ONU como Estados independientes, pero que han sido anexados en sus funciones militares.

El hecho concreto es que allí están las bases. La manera de manejar este problema por parte del gobierno debe ser, por supuesto, objeto del escrutinio y la crítica. En esta materia no puede decirse que haya habido omisiones por parte de la oposición.

Pero en lo que sí ha habido una gran omisión es en fijar una posición propia frente al hecho concreto de unas bases militares que han sido instaladas.

Los partidos políticos se han quedado mudos, no ha dicho nada. ¿Qué piensan? ¿Están de acuerdo? ¿En desacuerdo? No se sabe.

¿Por qué este silencio? Quizás la explicación esté en el peso que tienen, sobre el conjunto, los sectores pro estadounidenses, que consideran como natural y útil una relación de subordinación de nuestro país con Washington, lo cual, por lo demás, no ocultan.

Vieron recientemente con buenos ojos la invasión a Irak y, los de más edad, respaldaron la guerra de Vietnam, las bases en Panamá y la invasión de la República Dominicana. Este grupo es más grande de lo que se cree, sobre todo en los influyentes estratos A-B.

A estos se les añade un importante grupo de ex izquierdistas que, decepcionados, dieron un viraje de 180 grados, y han asumido una actitud más papista que el Papa.

El criterio tradicional de AD y Copei, no era tan extremista, pues mantenían una posición de cierta independencia. Pero la actual dirigencia de los partidos parece que no heredó esta visión y conducta, y son otros lo que fijan la línea. Quizás así se explique el silencio de los partidos.

No es una buena noticia, porque un país no puede ser dirigido por quienes guardan silencio frente a temas vitales o se dejan ‘naricear’ por factores de poder. Con esta conducta se le tranca el serrucho a una alternativa democrática.

elepuchi@gmail.com

LEOPOLDO PUCHI
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