Intolerancia mutua

Desde Caracas.- La cuerda ha comenzado a tensarse nuevamente, aunque el horizonte sigue siendo 2010. Sorpresivamente, en este comienzo de la pre campaña, se lanza desde la oposición una huelga de hambre y, desde la tribuna del congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), el Presidente advierte que habrá violencia en el país si no sacan 70% de los puestos. ¿Qué pasa? ¿Por qué se eleva el tono y se calienta la calle?

Precisamente el punto es el año 2010, un round que, tanto desde el lado del gobierno como de la oposición, se considera como definitivo y están, en consecuencia, dispuestos a jugarse el todo por el todo. Los números indican que cualquiera puede ganar. Y ninguno de los dos bandos está dispuesto a admitir el triunfo del otro.

Ningún sector acepta que el otro pueda ser mayoría. Por esto se han adoptado a lo largo de estos años posiciones extremas como la abstención en 2005, cuando se prefirió no tener nada en la Asamblea Nacional a que el chavismo tuviera más votos; o como la reacción presidencial que catalogó de triunfo “de mierda” los resultados del referendo de la reforma constitucional. No son errores tácticos, sino incapacidad para aceptar la existencia del otro.

Pero la cuerda no sólo se está tensando por las elecciones, sino que se entrelaza con el conflicto en la frontera venezolana (originado por la instalación de bases militares de Estados Unidos en Colombia) que se expresa en acciones de baja intensidad tanto del gobierno venezolano, al tomar medidas como la eliminación de pasarelas fronterizas, como del gobierno colombiano, a través de la acción de ciertos grupos paramilitares que trabajan para sus Fuerzas Armadas.

Ahora bien, si Venezuela no evoluciona hacia una dinámica que permita la alternabilidad, lo que es distinto a una ruptura, el juego se mantendrá trancado por mucho tiempo. La alternancia de equipos de gobierno es una pieza clave y expresión de la estabilidad de un sistema político.
Pero esta pieza no surge de manera automática o por decreto, sino que debe ser construida, lo que requiere de un trabajo de colocación de diferentes baldosas que constituyan un piso común y compartido.
Así funcionan los sistemas políticos estables en todas partes del mundo: la alternancia, sin traumas, sólo es posible y válida entre los que pisan baldosas comunes. Y estas baldosas no son “las reglas del juego” sino valores, programas y principios comunes.

Si en materias clave como la del papel de la propiedad pública y la privada, la política petrolera, los programas sociales y la soberanía nacional no se construye un piso común, la situación se hará cada vez más riesgosa y más lejana la posibilidad de contar con un sistema de alternancia.

¿Será posible, o la intolerancia mutua nos llevará al abismo?

elepuchi@gmail.com

LEOPOLDO PUCHI

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