Matrimonio y otras gracias

Desde Caracas.- Anuncio que los días 7 y 14 de diciembre publicaré el tradicional artículo la “Mujer y Hombre del Año”, por lo que están abiertas las postulaciones para que ustedes propongan a los protagonistas y hechos más relevantes del período que se nos va. Una vez advertidos sobre la posibilidad de gozarnos a los que usualmente nos gozan a nosotros, quiero afirmar el asombro por los correos que recibí por la publicación del artículo sobre el celibato.

La conclusión es que mis queridos lectores sienten una genuina curiosidad por un tema que no deja de ser controversial y que, ante la situación que se ha presentado por la incorporación a la iglesia católica de sacerdotes anglicanos casados, vuelve a ser tema de debate.
Antes de continuar debo hacer dos confesiones de fe: En primer lugar, soy papista y creo en la Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica y Romana. Sufro mucho al ver a los hermanos cristianos separados y estoy convencido que las coincidencias impulsaran el reencuentro para bien de todos. También debo afirmar que, en la vida ordinaria, soy “Mercedista”, es decir, seguidor ciego de los designios fijados por mi amada y nunca bien ponderada esposa.

Tuve la gloria de conocer a esta noble dama y que me aceptara como su cónyuge; allá, por el año 1989. Su vara marca mi destino. Estoy subordinado a sus deseos. Y si la servidumbre no fuera suficientemente subyugante, tengo dos hijas que ejercen la más férrea dictadura pero con sedosos guantes y dulces formas.

Mi voluntad está tan rebajada que no merezco escribir en estas páginas. Quizás sea esa la razón por la que apoyo cualquier autoridad municipal, estadal o nacional y no práctico el deporte más popular de los venezolanos: Criticar a los gobiernos. En mi opinión, este régimen es tan nefasto que nadie puede agregar algo adicional a lo que se evidencia con los hechos y el verbo del representante de las fuerzas del mal en la tierra.

Ahora bien, ¿por qué tanta introducción? Simplemente, afirmo que es imposible conciliar la vida matrimonial plena con cualquier otra actividad mundana. Y que conste que utilizo el término “plenitud” porque el matrimonio no es cualquier institución sino la misión más relevante que puede cumplir un hombre.

Del matrimonio nace la paternidad y de esta la familia. Educar a un hijo es una misión sagrada. Si todos cumpliéramos de acuerdo con las leyes de Dios, el mundo sería otro. La prioridad en mi vida es hacer feliz a mi mujer y convertir a mis hijas en las mejores mujeres, integras, capaces de formar su propia familia y transmitir la memoria de mis hechos.

Un hombre casado debe ser fiel, primer problema. Basta salir a la calle para percatarse sobre el inmenso sacrificio que implica desviar la mirada ante la presencia de tanto monumento ambulante que nos llena con su gracia.
El criollo es un mártir con más cualidades que el macho de cualquier otro país porque las nuestras son las mejores. ¿Qué mérito tiene el mexicano, afgano o peruano? Es aquí donde hay tentaciones y en demasía. Que los ordenados y sujetos a voto tienen también sus necesidades; es cierto, pero para eso existe la confesión. Gracias a Dios, todos los cristianos somos pecadores y se ha instituido desde siempre el perdón de nuestra conducta.

No insistamos tanto en opinar en lo que no conocemos. Yo me limito a hacer un pronunciamiento sobre el matrimonio. Por esa vivencia tan apabullante, en verdad, en verdad, os digo, ya la cruz del sacerdote es suficientemente pesada.

Luis Chumaceiro

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