Socialismo rojo rojito

DESDE CARACAS.- Al darle unas monedas a un ser humano, lisiado de piernas él, en el Metro de Caracas, y en respuesta a mi gesto, me dijo: “Que Dios se lo pague”. Sería el Supremo quien me pagaría por el simple acto caritativo. Y lo vemos a diario, es la prueba evidente de que el socialismo colorado no ha sabido afrontar el tema de la miseria. La indigencia constituye una realidad que está ante nuestros ojos. No se trata de ornato público, es una de las tantas miserias humanas que debe ser atendida con políticas públicas capaces de dar respuestas oficiales . Un pueblo que no tiene hambre sonríe y es libre.

Es triste ver a tanto pordiosero, tanto indigente y sobre todo niños, jóvenes y madres con sus hijos en los brazos como cobija, lanzando candela por la boca, intentando limpiar parabrisas con sus herramientas, vendiendo galletas o simplemente con la mano extendida o portando un envase cualquiera en espera de alguna limosna. El drama es nacional, y uno ve y sabe que Venezuela tiene riqueza, es una nación noble, que recibe ingresos económicos suficientes, tan suficientes que alcanzan para ayudar a otros países.

Existe una población carente de lo más elemental, muchos pobres, muchos indigentes, quizá debido a la falta de instrucción o de oficio, ignorancia, conductas viciosas personales o familiares, y la falta de instituciones que se ocupen de socorrer a quienes están en peligro. Son seres humanos, insisto, que integran una creciente legión de personas que viven en la calle. Vivir en la calle implica no tener espacio propio, es andar con lo puesto, casi desnudo, es no tener lo más mínimo como ropa, calzado, cobija. ¿Cuántas veces los hemos visto con repugnancia? Cuando buscan entre los desechos vasos y botellas con restos de bebida y comida que otros echan a la basura, cuando alcanzar un mendrugo de pan en las pilas de desperdicios se ha convertido en una proeza para estos tristes seres.

Los factores que producen la indigencia son tan variados y complejos que sólo un Estado con verdadera vocación de servicio, puede combatirlos en toda su magnitud. Decía el poeta Andrés Eloy Blanco, que “Venezuela no caminará en tanto no se ponga en las manos de su pueblo un pan del tamaño de su hambre”. Ello no significa promover el facilismo, el hedonismo, lo material por encima de los valores del espíritu, pues sería indiferente a este terrible problema social. La indigencia debe enfrentarse con entereza, decidido empeño y verdadera disposición, pues de suyo este mal social implica pobreza y necesidad de muchos compatriotas.

Formidable sería un “Estado Bienestar” o una sociedad de abundancia, y no está visión obtusa del socialismo que pretende llevarnos al empobrecimiento de todos. Y no retrotraernos a etapas ya superadas en lo político, social y económico, lo cual debe ser analizado y rechazado por la mayoría de los venezolanos.

Rechacemos –como dice Aníbal Romero- esa estructura social basada en la economía de subsistencia, la propiedad colectiva, el desarrollo “endógeno”, la igualación hacia abajo y el reparto comunitario de bienes en un marco de escasez.

JESÚS PEÑALVER

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