Religión y tradición

DESDE LECHERÍA.- Hace unos días conversaba con unos amigos, uno carupanero y otro caraqueño, acerca del ambiente típico de estas fechas. Recordábamos nuestras navidades de niños y las comparábamos con las actuales. En ambos casos superan los 50 años cada uno, variable de diferenciación con respecto a quién escribe, para ilustrar cómo fueron sus navidades, las mías y cómo son las de ahorita. Incluyendo a quien escribe, que es de Puerto La Cruz, cada uno destacó las costumbres de su tierra, hablamos de música, de parrandas, etc. Fue en mi turno donde la cosa se puso difícil, pues más allá de la experiencia, volvimos a caer en el tema de la carencia de identidad y peor aún, del sentido lógico de los tiempos. No pueden ni imaginarse la mamadera de gallo de la que fui objeto cuando el carupanero, con la característica espontaneidad del oriundo de esas tierras, comentó sobre las figuras que adornan a Puerto La Cruz y Lechería.

“Bueno, ¿Y qué está pasando aquí? ¿Es que adelantaron el carnaval o es que no se han dado cuenta de que estamos en Navidad? Posiblemente los peces guarden alguna relación por su cercanía al mar, pero de allí a vincularlos con la Navidad…nada. En Carúpano estamos desde la madruga cantando aguinaldos y ustedes aquí anunciando las fiestas del rey momo en lugar de anunciar el nacimiento del niño Jesús. Ni nosotros que somos los reyes del carnaval, nos hemos atrevido a tanto. Nunca, ni el carnaval ni ninguna otra fiesta podrá sustituir lo más de grande, hermoso y profundo la Navidad”. “Es que no viste el cascanueces que está más adelante, interrumpió el caraqueño, ustedes no son ni chicha ni limonada, van a celebrar la Navidad y no lo hacen destacando ni sus propias tradiciones ni la nuestra como venezolanos”. Aunque esta última afirmación fue un tanto radical, no estaba lejos de la realidad.

La verdad es que ya sea por razones ideológicas, religiosas o cualquier otra, cada cierto tiempo surge un espontáneo con el poder necesario, dispuesto a eliminar o minimizar la celebración más importante del mundo cristiano por considerarla, quizás, una expresión más del capitalismo salvaje que alienta el consumismo o por considerar que los valores culturales de tierras extranjeras son más chic que los nuestros. Finalmente, la echadera de broma concluyó en una muy buena reflexión, en Venezuela la Navidad es motivo de encuentro entre la familia, los amigos y el pueblo, a través de los aguinaldos, con el intercambio de nuestra muy criolla hallaca, los montajes teatrales sobre el pesebre y las muy extrañadas parrandas, organizadas para ir de casa en casa y cantarle al Niño Jesús en los nacimientos diseñados por familias que guardan su tradición. Todo eso lo viví en mi infancia con mis hermanos y mis padres, sobre todo, con el viejo, quien dicho sea de paso, además de carupanero rajao es un fiel amante de estas tradiciones. Ayer, por cierto, antes de escribir el presente, lo escuché con su cuatro: “Dame mi aguinaldo Joseíto, aunque sea poquito, 25 arepas y un carite frito”.

El análisis de este artículo, esta noche a las 8:00 por Éxitos 95.3 FM.

JJ Fermín A.

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