Un cementerio de ideas muertas

DESDE LECHERÍA.- La tragedia de Venezuela es sencilla. Un buen día, hace menos de 20 años, se desplomó solito todo el andamiaje político que sustentó a la República durante más de 50 años. El país se estremeció con un poderoso terremoto económico, social y político. Todo se vino abajo de repente. Y al mismo tiempo, vinieron las rebeliones civiles y militares, el enjuiciamiento de Carlos Andrés Pérez, y finalmente unas elecciones donde los venezolanos votan por un teniente coronel que rompía todos los paradigmas de las campañas electorales, de los discursos políticos y cuyo mensaje iba como un misil al corazón del pueblo excluido y empobrecido.

Todo un país creyó en que algo bueno tenía que ocurrir porque “no había nada peor que los adecos y los copeyanos”. El punto es que el teniente coronel, luego de 10 años en el poder, cambió radicalmente el discurso. De nacionalista bolivariano pasó directamente al socialismo marxista leninista (el del socialismo real, el peor de toda la gama de “socialismos” que existen en el mundo). Hugo Chávez asumió para él (y debido a su rango presidencial, nos lo encasquetó a todos los venezolanos) todo el arsenal de ideas muertas de Fidel Castro y hasta el listado de enemigos de Cuba.

¿Es que nadie le ha dicho al presidente Chávez que el capitalismo clásico ya murió; que después de la Segunda Guerra Mundial el imperialismo quedó enterrado para siempre; que la burguesía y la clase obrera ya no existen como clases sociales ( porque casi no quedan obreros en el mundo, los robots y las computadoras los desplazaron); que la estructura de la riqueza del siglo XXI ya no reside en las máquinas industriales sino en los conocimientos y destrezas de los seres humanos; y que la ruta más directa para superar la pobreza y la explotación del trabajador es la de la educación, y que para ello no hace falta incendiar a ningún país ni declararle la guerra a nadie sino, por el contrario, a buscar el consenso de todos en tan magna e inofensiva tarea?

¿Pero es que Chávez aún no sabe que el Muro de Berlín fue derribado, que China es el país capitalista más salvaje y explotador que queda en el Planeta, que Cuba está estructurada y alineada para fracasar, y que todo el socialismo cuya estirpe él quiere imitar hoy, se vino abajo como un castillo de naipes producto de sus contradicciones, de sus miserias, de sus mentiras, y de haber asesinado la producción de ideas nuevas?

Cuánto pesa hoy día el hecho de que Chávez no haya participado en la discusión que ocupó a la izquierda mundial en la década de los 80, cuando se originó un claro deslinde entre el socialismo real y el socialismo democrático. Él estaba encapsulado en un cuartel. Para él, el mundo y la historia tenían la obligación de congelarse en la década de los 60 para esperarlo a que saliera de la burbuja del cuartel porque él era el predestinado a cambiar la historia de la humanidad; y para esa epopeya heroica iba a contar con unos precios petroleros que le permitirían convertir el carbón en oro, la utopía en realidad, la mentira en verdad, y las ideas muertas en el discurso más novedoso de la humanidad.

Jesús Seguías

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