¿Estás agradecido con Dios?

DESDE CUMANÁ.- Así como María agradeció a Dios las maravillas que realizó en ella al poner en su virginal vientre a su hijo, estamos nosotros agradeciéndole a él por todo lo que nos ha dado. En esta víspera de la llegada del Niño Dios, es bueno que respondamos a esta interrogante.

Entre el bullicio y el jolgorio, silenciémonos un momento y asumamos con sinceridad todo lo que hemos dejado de hacer para corresponder a la gracia del Señor. Es tan fácil ser agradecido con Dios y produce tanta bienaventuranza que se pierden oportunidades de ser verdaderamente felices.

Estar agradecido con Dios no es cuestión de ensimismamiento o aislamiento del mundo, tampoco es permanecer en un estado de misticismo, no, para nada.

Agradecerle a Dios por la vida que nos ha dado y por haberse hecho presente como humano en el cuerpo de Jesús, con la misión del sacrificio para el perdón de nuestros pecados, es cumplir con su primer mandamiento: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.” (Mc 12, 30-31)

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.” Y creó Dios al hombre a su imagen. (Gén 1, 26-27) /Al creer en su nombre han nacido/ no de sangre alguna, ni por ley de la carne, / /ni por voluntad de hombre/ /sino que han nacido de Dios. (Jn 1, 13). Todos somos hijos de él, porque creemos en él, lo que nos hace hermanos; de tal manera que estar agradecidos de su obra es actuar a favor de nuestros semejantes. El mejor agradecimiento que podemos dar es ver al otro como a nosotros mismos que es lo mismo que vernos en Jesús.

Cuando la madre de Santiago y Juan acude a Jesús para pedirle que cuando él esté en su reino sus hijos se sienten junto a Él, uno a su derecha y el otro a su izquierda, cuestión que no gustó mucho al resto de los apóstoles, le contestó Jesús para conformidad de todos: “… El que de ustedes quiera ser grande, que se haga el servidor de ustedes, y si alguno de ustedes quiere ser el primero entre ustedes que se haga el esclavo de todos. Hagan como el hijo del hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate de una muchedumbre.” (Mt 20, 26-28) Ahí, entonces, está la clave para actuar en correspondencia con la gracia de Dios.

En esta última semana de adviento es propicia la ocasión para mirarte y oírte a ti mismo: “¿Estoy agradecido del Señor? ¿Doy testimonios de actuar como me pidió Jesús que lo hiciera? Y como Jesús no vino a condenar sino a perdonar nuestros pecados, pide perdón por lo que has dejado de hacer y se te perdonará.

Comienza una nueva forma de practicar tu Cristianismo sirviendo al prójimo. Hazlo ahora mismo para que te diga en su venida: “Ven, bendito de mi padre y toma posesión del reino que ha sido preparado para ti. Porque tuve hambre y tú me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; fui forastero y me recibiste en tu casa, anduve sin ropa y me vestiste, estuve enfermo y viniste a visitarme, estuve en la cárcel y me fuiste a ver. Cuándo lo hice, le preguntarás y él te responderá, cuando lo hiciste con algunos de mis hermanos.” (Mt 25, 34-40)

Feliz Navidad, hermanos, y un venturoso 2010.

yonnydg@gmail.com

YONNY GALINDO MARÍN

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