Se fue Lalo

DESDE LECHERÍA.- La semana pasada dejó de acompañarnos el colega, maestro y mejor amigo César “Lalo” Romero. La mayoría de quienes lo conocimos, lo recordamos como un talentoso comentarista y narrador deportivo, de los mejores que ha tenido Venezuela. Como un fino relacionista y un destacado locutor y animador. Sin embargo, para mí, lo verdaderamente significativo de este excepcional venezolano, estaba en la grandeza de su alma, siempre dispuesto a tender la mano a quien lo necesitara para compartir sus conocimientos o para emprender cualquier iniciativa, si con ello lograba para Anzoátegui una mejor posición en el deporte venezolano.

Junto a mi padre formó un dúo, hasta ahora no igualado. Fundaron el semanario Reporte Deportivo, el Círculo de Periodistas Deportivos de Venezuela, el equipo de béisbol profesional, Caribes de Oriente, con el apoyo del maestro Jesús Márquez, el programa radial Mesa Redonda Deportiva (que estuvo al aire por más de 20 años, a través de la señal de Ondas Porteñas) y con el apoyo de Don Rafael Bellorín Malaver, el circuito radial deportivo de mayor alcance y prestigio en el Oriente del país, transmitiendo, año tras año, los eventos deportivos de mayor jerarquía en la zona, el país o en el exterior, especialmente el béisbol, su gran pasión.

Gracias a esto estuve muy cerca de él, llegando a conocerlo muy bien. De conocer su espíritu de grandeza, su humildad, su sencillez, lo educado que fue, sin ambiciones materiales que lo llevaran a perder su dignidad de hombre probo. Un hombre honesto, de probados valores éticos, morales y familiares, excelente profesional, amante de su familia y amigo de los amigos.

Pocos como él han hilvanado una trayectoria de méritos para ser reconocidos como grandes venezolanos. Su espíritu altruista, cristiano y civilista, muy pronto le hizo ganar amigos dentro y fuera de nuestro estado. Son muchos y me cuento entre ellos, los que consideraron que a Lalo se le debió rendir homenaje en el estadio Alfonso “Chico” Carrasquel, el mismo parque beisbolero que ayudó a hacer realidad en los años 50 junto a varios promotores deportivos de la época, entre los que cuento, al pionero del periodismo en este estado y fundador del diario El Tiempo, mi abuelo Jesús Alvarado.

Pienso que una manera de mantener vivo su recuerdo y su legado, es creando una cátedra deportiva y que los Caribes de Anzoátegui creen un galardón para premiar a sus peloteros, ambas con su nombre. Ojalá que con mi papá como único fundador vivo, el equipo no espere su muerte para reconocerle su esfuerzo.

Se fue Lalo. Dejó de acompañarnos el colega, maestro y mejor amigo César “Lalo” Romero. Esposo dedicado, padre cariñoso, periodista estudioso del deporte y ciudadano ejemplar. A Nelly, su esposa; y a Martha, su hija, mi abrazo y mis más sinceras palabras de condolencia por tan irreparable pérdida, pero seguro de que no existe posibilidad de que Lalo se encuentre en otro lugar que no sea el cielo.

JJ Fermín A.

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