Ahora es cuando (II)

DESDE LECHERÍA.- Esta semana quería hablar de lo que creo fueron unas navidades sin aroma, sin sabor, sin color, sin música y en definitiva, unas navidades que sólo tuvieron de eso las fiestas religiosas y el nombre. Tengo mi tesis y espero compartirla con ustedes más adelante.

Sin embargo, el artículo de la semana pasada levantó tanto polvo cósmico, que me vi obligado a adelantar la segunda parte. Correos con opiniones coincidentes, en su mayoría, llegaron a mi buzón. Uno de ellos, el de un empresario muy conocido en el estado, además abría una invitación a compartir una taza de café, mientras debatiéramos más ampliamente sobre el tema. Gustoso acepté y no fue uno, sino cuatro los negritos que amenizaron tan amena charla.

La persona de la que hablo es uno de mis mejores amigos. No obstante y sin que interfiera en mi juicio la subjetividad posible sólo porque es mi amigo y haciendo un justo honor a la verdad, debo ratificar mi convencimiento de su inteligencia, su don de liderazgo y su sensibilidad por nuestro estado. Aunque el hombre empezó por decirme que apoyaba el contenido del artículo, inmediatamente continuó expresando algunas ideas que consideraba obligatorias colocar sobre la mesa y así dar una visión más amplia al tema. Sintió que debía ser así porque aunque somos individuos independientes, cada uno con su propia vida, principios y valores, creencias y costumbres, todos juntos, relacionándonos por una u otra razón y viviendo en comunidad formamos una sociedad, en particular, hacemos y damos vida a nuestro estado Anzoátegui.

La idea principal de su exposición era la importancia no sólo de entender que tenemos el poder para hacer que las cosas funcionen a nuestro favor, sino también a favor de los demás. Eso es verdad. Asímismo habló de lo nefasto que es para nuestro estado no tener identidad, de la falta de liderazgo, de cómo la gente ha aprendido a subordinar sus logros al miedo y de cómo la intolerancia ha hecho mella en las relaciones que nos debemos como conciudadanos y vecinos. Eso es verdad.

Después de desarrollar ampliamente sus ideas, cerró su exposición hablando de lo importante que es entender que nadie nos va a dar nada, que nadie va a construir el estado que queremos, que esa es una tarea que deviene en un esfuerzo compartido en el que debemos involucrarnos y por supuesto, que Anzoátegui necesita gente promotora de desarrollo que sepa entender el espíritu real de estos tiempos. Eso también es verdad. Pero para que todo esto sea posible, es importante primero creer en nosotros mismos, en nuestra capacidad para hacer cosas. Yo no creo que el destino esté escrito, más bien estoy convencido de que lo construimos nosotros mismos con nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones.

Si lo luchamos con voluntad, compromiso con nuestra causa y una actitud motivada al logro, seguro que nuestro destino será el que queramos que sea. “El no puedo nunca logró nada, el lo intentaré ha hecho milagros”, anónimo.

jjferminjr@gmail.com

JJ Fermín A.

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