En el 2010, sí se puede

DESDE CUMANÁ.- De vuelta a mi pasión escritural. Comienza el 2010 con mucha más gasolina roja-rojita para que siga prendida la indignación y la rabia en el pueblo venezolano, pero la voluntad y la disposición, sobre todo el convencimiento de que sí se puede es lo que nos permite bañarnos de paz espiritual para el buen discernimiento y la fortaleza de seguir empinándonos sobre las dificultades, seguro de que la voluntad popular para la lucha y la unión de todos los factores democráticos será lo que permita dar al traste con este pandemónium que ha destruido buena parte del cuerpo social de la nación.

Que no sean nuestras manos las que falten para revertir esto y emprender la tarea diaria de construir un país en paz y en democracia.

Decir que sí se puede no es una simple y manida frase de eslogan publicitario, no; es manifestar que se tiene claridad de ideas y convicciones bien cimentadas; es decir que se tienen suficientes bastimentos y demasiados insumos en la mochila de la razón; ellas son tres palabras que nos afirman, nos dan seguridad en la presencia; es una forma de decirle al otro: “epa, no me ignores, yo estoy aquí”.

Yo estoy convencido de que sí se puede, por eso abro mi Tribuna de hoy, la primera del año, para desde aquí insuflar ánimos, aupar voluntades, sembrar esperanzas y, también, para decirle a mis lectores que mi razón viene de un pensamiento abierto y crítico, no es fundamentalista o fundamentadora de una sin-razón ideológica, no. Ella es abierta y benevolente, no siente antagonismo con el que no la comparte.

Es una razón plural que sabe convivir con otras razones, y esa es mi mayor razón para sumarme a las voluntades que quieren cambiar para el país que merecemos.

Tenemos que tomar partido, participar, que nadie prescinda de nosotros, ni nosotros prescindir de nadie, no somos quienes para hacerlo; sentirnos útil y hacer sentir útil al otro es una forma de alcanzar la verdadera unidad en la diversidad que el país reclama.

Desde cualquier escenario podemos activarnos para la tarea de construcción de la patria que queremos. Se preguntará usted, mi querido lector, ¿cómo hacerlo? Y yo le respondo: Haciendo bien todo lo que a usted le corresponde hacer. Si le pagan por barrer la cuadra, bárrala bien; si maneja una unidad de transporte público, respete a los usuarios del servicio que presta; si se le dio una licencia para impartir clases en el nivel escolar que sea, no haga las veces de maestro, sea un maestro de verdad; si como médico le toca atender a un paciente en un centro de salud pública, atiéndalo como si estuviera en su consultorio privado; si comercia con productos de primera necesidad, cobre lo que se corresponda con el precio estipulado, no especule, ni se aproveche de la necesidad del consumidor; si quiere ganar dinero haciendo negocios, sea pulcro y honesto con los bienes y servicios que vaya a ofrecer; si eres estudiante, dedícate a tu oficio de estudiar.

Culmino esta ristra de exhortos, los primeros del año, conminando a los dirigentes de los partidos de la mesa democrática a que en su trajinar político se vayan deslastrando de ese “Chávez” que llevan por dentro, que sus acciones estén orientadas por un ethos que le dé sentido axiológico a todo su quehacer militante; que entiendan que, como bien expresa Anna Harent, el otro es alguien y no algo.

Para que empecemos a quererlos tienen que dejar de verse a sí mismos como el centro de todo y los demás meros instrumentos de sus proyectos políticos.
¡Sí se puede!

yonnydg@gmail.com

YONNY GALINDO MARÍN

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