Ser diputado

DESDE LECHERÍA.- Esta hora que vive la Patria, sin exageraciones catastróficas que nieguen los avances alcanzados, ayer y hoy, es la más menguada de su historia contemporánea. La sociedad venezolana está enferma, sacudida en sus cimientos por una crisis que afecta sus órdenes de accionar diario. Predomina la falta de fe y de credibilidad y al escepticismo se extiende por todas partes, campea por doquier la corrupción y se enseñorea un proceso visible de desnacionalización, que mediatiza hasta nuestra identidad nacional, como pueblo y como nación soberana. El pragmatismo en sus peores acepciones, invade conciencias y espíritus. Valores morales y éticos se lanzan por el suelo y pareciera no haber soluciones a la vista que hagan recobrar la salud moral de la República. Y todo ello, originado por un presidente que sucumbió en el personalismo, en el caudillismo, en el fraccionalismo, en el vacío de ideales, que ha alejado a la institución presidencial del bienestar colectivo, divorciada de lo atractivo, bondadosa y familiar como era antes. Realmente, que Hugo Chávez Frías no estaba preparado para desempeñar con altura y decencia tan alta responsabilidad. Llegó al cargo por una circunstancia desgraciada de nuestra historia, se aprovechó de ella, le llegó a la gente con el populismo más perverso ante un pueblo descreído ante tantos engaños y abusos de los gobernantes del pasado.

La Asamblea Nacional, que debería ser la caja de resonancia del país, escenario para los grandes debates en procura de leyes que beneficien a todos sin excepción alguna, la ha secuestrado, convertido en un apéndice de Miraflores y sus integrantes le deben obediencia y hablan el mismo lenguaje, grosero y procaz, como garantía para seguir como focas en ella. Por ello, observamos a un recinto parlamentario donde se confunde el diputado con los miembros del colectivo “La Piedrita”, una especie de asamblea de bellacos, rodeada de bandas armadas pagadas por el régimen, sólo para hostigar y agredir a quienes disientan de ellos.

Por consiguiente, ser diputado en esa Asamblea Nacional, no es cualquier cosa. Se necesita por encima de todo, de una arraigada formación política y social, se requiere de un hombre o una mujer con principios, con ideas y con una probada y comprobada militancia democrática y de una reconocida historia de lealtad a sus principios y a su razón de ser. Por qué no decirlo, necesitamos diputados tipo Henry Ramos Allup, como Teodoro Petkoff o parecidos a Ismael García, quienes además de la experiencia parlamentaria, han demostrado guáramo ante es malandraje que merodea en esa mal llamada Asamblea Nacional. Estas son reflexiones para momentos de aspiraciones. No se trata de establecer un decálogo para aspirantes, ponemos a rodar preocupaciones para que los aspirantes entiendan el drama que vive el país y que por encima de él, jamás podrá haber aspiraciones desmedidas. No se trata de ser candidato por serlo o por llenar un ego personal, se trata de una elección parlamentaria que sustituya la barbarie por el debate civilizado y, para ello, debemos revisarnos y entender para qué servimos.

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