Haití en Michaelle

DESDE CUMANÁ.- Amamos a Haití, Michaelle. Haití cierra y reabre instantes de un mismo momento histórico, aquel día final de 1815 cuando huyendo del sitio inclemente al que Morillo sometiera a Cartagena de Indias, llegan junto con Bolívar, a tu patria, la del sonoro Toussaint Louverture, restos del ejército triunfante en 1813, al año siguiente derrotado cuando la lanza de Boves reunió el grueso de los llaneros tras las banderas del Rey. Menos mal que hubo Páez y Zaraza. Los pueblos enseñan porque aprenden a su ritmo. Ay de quienes pretenden enseñarlos a juro. Entonces, Bolívar volvió a refugiarse en la Nueva Granada, la Colombia que amó y con la que, como él, compartimos amores y desamores fronterizos, pero jamás nos hemos enfrentado, ni nos enfrentarán, en guerra fratricida para marranos fines.

Fue tu Haití, en 1804, la primera nación latinoamericana independizada del coloniaje, por mérito de quienes influidos por los ideales de la Revolución Francesa se prometieron dejar de ser esclavos de Francia. Desde allí, el 31 de marzo de 1816, con la magnífica solidaridad de Petión, parte la Expedición de Los Cayos y se abre el segundo instante del momento histórico del que hablamos, el de la lucha larga que tras once años llevó a Carabobo. 11 años… Once años…1810-1821/1999-2010.

La pequeña expedición resultó… ¡un segundo frente! Cortó, de raíz, la estrategia del recientemente enviado ejército de Morillo, impidiéndole seguir de Cartagena a desbaratar al independentismo en el Sur. ¡Aquellos civiles sí que eran buenos militares! Ante el Haití de hoy, Michaelle, una lágrima. Pero –muy lejos del melodrama que la mediática medianía chavecista hace de la tragedia– es lágrima de fuego para fundir la unidad y acrecentar la convicción de que Venezuela, por su ímpetu democrático, no será hundida en la autocracia corrupta, de esencia castromilitarista, salvaje capitalismo de Estado aceptado por los embotados Giordani que sin luz ni libros nos vienen dejando, que al bolívar fuerte han revelado como palúdico y bilharziano, que a su desorden enmascaran como planificado “socialismo del S. XXI”.

No olvidamos, amiga, que en el Haití de 1815-16, Bolívar dio forma cabal a una idea que venía nutriendo su experiencia y asoma en cartas y en el Manifiesto de Cartagena (1812); una noción civilista que reforzará Sucre después de Ayacucho. Tras expresar al Madariaga del “NO” del 19 de abril, la esperanza de verse pronto en Venezuela, el Libertador dice que vano es destruir a los tiranos, “si no establecemos un orden político capaz de reparar los estragos de la revolución… El sistema militar es el de la fuerza., y la fuerza no es gobierno…” (A. Mijares, “El Libertador”, Cap. XX). Bien lo sabes, amiga. Lo aprendiste bien de tu gigante padre ciudadano, de tu suave madre amorosa. Inolvidables. Ten. Dejo una lágrima entre tus manos. Flor es y será. Florecerá.

SILVIO ORTA

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