¿Dueño o esclavo?

DESDE LECHERÍA.- En los tiempos cuando estudiaba comunicación social y estando próximo a cursar el quinto semestre de la carrera, un día se me acerca presurosa la que desde el primer día de clases se convirtió en mi inseparable compañera de estudios. Francela nerviosa me dice, “Ay JJ vengo de buscar el horario y adivina qué, nos toca como profesor fulanito. Según investigué el hombre es el filtro del semestre, qué miedo JJ, ¿y ahora?”.

Recuerdo que le dije que si enfrentaba el compromiso de hacer frente a ese profesor con esa actitud, entonces ya estaba derrotada. Que lejos de sentir miedo debía sentir confianza en sí misma, que mientras más duro fuera el hombre más duro debía ser ella. Pero que en todo caso, debíamos esperar para conocerlo y no depender de los rumores. Así lo hicimos.

Poco tiempo nos llevó descubrir que era un charlatán y que lo que lo hacía débil, era lo mismo que a él lo tenía convencido de ser más fuerte: Se creía dueño de la verdad. Ni siquiera relativa, sino absoluta, ya que su vasta experiencia en distintos campos de la vida, según él, le habían propinado un cúmulo de conocimientos difíciles de igualar y que lo convertían prácticamente, en el “papá de los helados”.

En estos días conocí a alguien que por su actitud me hizo recordar a ese profesor por lo hablador y carente de humildad y, ambos, me hicieron recordar una historia anónima que leí en el libro “Lecciones de liderazgo y pasión” de Luiggi Valdés, que se llama “El ruido de las carretas”, y que ilustra estas ideas con una muy buena metáfora, que dice así: “Mi padre se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo más? Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: estoy escuchando el ruido de una carreta.

Eso es, dijo mi padre, es una carreta vacía. Entonces pregunté: ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la vemos? Mi padre sonrió y me respondió: Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía por causa del ruido. Cuánto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y hasta hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de otros con la intención de imponer su criterio, presumiendo lo que tiene, amenazando a los demás, siendo prepotente y maltratando a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.

La humildad, según el conocido consultor Miguel Cornejo, consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás irlas descubriendo poco a poco. Mucha gente habla mucho y dice y hace poco.

Sin embargo amigo lector, usted es su propio líder, usted es en consecuencia el único responsable de que al final del día le reconozcan sus virtudes o peor aun le afinquen a sus espaldas, el muy conocido “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Escoja finalmente, ser dueño de lo que calla o esclavo de lo que dice.

J.J Fermín

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