ANEXO 1: Basura, apagones y comida

agosto 23, 2008

En una encuesta hecha  en La Habana, los cubanos confesaron el anhelo  por  mejorar sus condiciones de vida,  arreglar sus casas, comprar un televisor. El deseo por votar en un sistema democrático no aparece entre las prioridades  de los habitantes de la isla.  Así como ocurría en los países del Este de Europa, a los cubanos los deslumbra la opulencia de la sociedad de consumo, el ejemplo de sus compatriotas en Miami, la abundancia de los países occidentales, los lugares de comida rápida, las tiendas surtidas, los automóviles circulando por las calles, los equipos electrónicos, los televisores de pantalla plana. Algo similar ocurre en todos los países: los temas cotidianos se imponen sobre los debates jurídicos o netamente políticos.
    
REALIDAD CONCRETA
Los venezolanos viven en medio de la basura,  en Caracas y otras regiones del país experimentan a diario los apagones, sufren el aumento indetenible de los alimentos básicos y de los demás productos de primera necesidad.

Basta con recorrer el centro de las ciudades de Venezuela para encontrarse los desechos amontonados en las esquinas.  En el oeste caraqueño hace una semana falló la energía eléctrica, pero lo más grave es que los residentes de esa zona (Montalbán y La Vega) ya parecen acostumbrados a las faltas, casi semanales, de luz.  Igual ocurre en el interior. Recientemente, Willian Lara, candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) a la Gobernación de Guárico, presentó al socialismo como un sistema que paga las neveras y televisores dañados por las fallas eléctricas.

A los venezolanos les cansan las promesas del Presidente. Ya nos olvidamos del Eje Orinoco-Apure, de las represas que se construirían, de los huertos verticales, las escuelas reparadas y dignas, los hospitales funcionando, los planes de pavimentación de las avenidas y calles.
 
Quizás, maliciosamente, Hugo Chávez lanza “el paquetazo”, el cual le plantea a la oposición el dilema de enfrentarlo sin dejar de lado los temas que interesan vitalmente a los electores. Los apagones, la violencia, el aumento de la comida, la basura en la calle,  y muchos otros problemas le vuelven insoportable la vida a los propios chavistas.

Hasta a la gente más roja rojita del mundo  no le gusta estar rodeada de inmundicia, o que la luz se vaya a cada ratico.  Ellos no aguantan más promesas de planes maravillosos que resolverán esos problemas. El mismo  Chávez les ha insistido a sus alcaldes y gobernadores que mejoren los servicios públicos. Inútilmente, porque la causa principal del desorden en el país proviene del propio Miraflores, desde donde se ejerce una forma de gobernar espasmódica y centralista.
  
La causa de que nada funcione en el país es precisamente el hecho de que toda la vida nacional depende de las decisiones que se tomen en el palacio presidencial. Hay que aguardar por el jefe de Estado  para todo,  para comprar suministros a hospitales  o para  adquirir dotación e insumos escolares.

Chávez cree, erronéamente, que mientras más centralice mejor funcionará la administración. Ignora que si bien hay necesidad de planificar nacionalmente los planes educativos, de salud o desarrollo económico,  regional y localmente las autoridades están mejor informadas que Miraflores.  

Chávez centraliza y centraliza, acumula poder y más poder, pero cada vez es mayor  la ineficacia de la administración pública.

Con recursos de inconstitucionalidad ante el Tribunal Supremo, peticiones a los organismos internacionales, campañas sobre el peligro en que se encuentra la propiedad o la democracia, no se acabará con la popularidad que todavía tiene Chávez. Sin duda todo esto hay que hacerlo para  al menos dejar sentada la denuncia, pero la verdadera razón de la baja en la aceptación del Presidente ha sido el cansancio con su gobierno y en especial su fracaso  administrativo.

En la vecina Colombia, Álvaro Uribe marcha para una tercera reelección con todo a su favor. El mandatario neogranadino ha derrotado a la guerrilla y ha sostenido un crecimiento económico constante que llega a la mayoría de la población. De todas maneras esa tercera reelección de Uribe representa otro mal ejemplo en América Latina, donde los presidentes aprovechan el enorme poder que tienen para perpetuarse en el mando.  En Estados Unidos, después de la experiencia de Theodore Roosvelt se prohibió la reelección después del segundo período. En esta parte del hemisferio volvemos al siglo XIX  y al siglo XX, cuando la reelección presidencial volvió la democracia una farsa.

Chávez quiere reelegirse con pésimo gobierno. Lo ayuda un populismo sin freno, dispone de recursos ilimitados, condona deuda, regala y regala.

En resumen, hay que denunciar el “paquetazo” de las 26 leyes de contrabando, pero no se deben olvidar los  verdaderos temas que decidirán el resultado de las elecciones de noviembre: los apagones, los fracasos educativos, la basura, la inseguridad, la inflación. 
 
¿Qué le interesa más al pueblo, incluyendo al chavista?

¿La separación de poderes o el alto costo de la vida?

FAUSTO MASÓ

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